¿Me escuchaste? Me encantas...
y no es que me muera por ti, es que por ti me muero.
Me muero por tu
sonrisa traviesa cuando coqueteas sin intensión;
me muero cuando tu mirada
invade mis ojos y me pierdo en un sinfin de pensamientos;
me muero cuando tu
ilusión hace que la mia cobre vida;
cuando ríes, cuando lloras, cuando amas...
me encantas.
La ironía de hoy confesarte lo que siento quedará inscrita en el panfleto
de mis sueños, un mundo en el que tú y yo somos felices, y todo es perfecto.
Sin pensarlo te pienso en cada momento del día, celebro tus victorias y
lloro tus melancolías.
Estoy pendiente de lo que te pasa o puede llegar a pasarte, pero vivo un
cuento en el que un obstáculo nos separa y hasta la más linda de las hadas no
cuenta con la varita mágica para juntarnos.
Si realmente viviéramos en ese cuento podría llegar a tenerte, pero la
cruda verdad es que en el presente la suerte no es mi aliada y te aleja de mi
derrepente.
Lo cierto es que no existe amor perfecto e incondicional, sino uno paciente
y comprensivo, de esos que aman hasta el final pero cobran más de su merecido.
Por eso mis esperanzas no se desvanecen frente a un escenario que considero
incierto, porque te engañas día a día, tratando de que lo que tu creíste
perfecto lo sea.
No existe perfección amor, solo ideales que quieren ser alcanzados.
Ideales
que muchas veces se equivocan y nos ciegan ante la opción correcta que se posa
frente a nuestros propios ojos.