Que fácil es juzgar. Que fácil es suponer lo indudable.
Leer los labios no requiere de una habilidad, pero cuando se
trata de traducir una mirada las ideas se entremezclan; los nervios, las ganas,
el miedo... todo se transforma.
Vivimos ciegos ante una realidad que todos maquillan y
desmienten cuando son cuestionados.
Nadie es inocente.
Nadie es inocente.
Muchos intentaron descifrar lo evidente en las páginas de
mi sentido pero pocos me leen por dentro para descubrir que lo que oculta este
cuerpo es nada más que un alma soñadora y vulnerable.
Un alma que imagina y crea, que llora cuando cae y
celebra cuando se levanta.
Y vuelvo a mí...
Aquí sentada, esperando la inesperada aparición de la
respuesta que necesito.
Un algo o alguien que entienda mis temores y comprenda
mis ilusiones.
Un... él.

No hay comentarios:
Publicar un comentario